6 de marzo de 2025 · Coyuntura política
Haciendo la historia
Nueva coyuntura y nuevos desafíos para el Frente Amplio

El sábado primero de marzo fue uno de esos días en los que se tramita la Historia. La convergencia de la asunción de un nuevo gobierno progresista con el 40 aniversario de la recuperación democrática le otorgaron ese carácter, el cual fue muy bien capitalizado en el discurso central del nuevo presidente y en la organización de toda la jornada.
Si bien los mensajes estuvieron orientados al futuro, a lo que inicia, a la necesidad de apuntalar la unidad nacional, a evitar grietas y muros, a nadie escapa que esta no fue una transición más. No es un gobierno cualquiera el que finaliza y no son menores las circunstancias en las que la izquierda vuelve al poder. La mirada política nos reclama la contraposición modelos, de lo que dejamos atrás y lo que está naciendo y de las condiciones que hicieron posible el cambio, o dicho de otro modo, las que frenaron la continuidad del proyecto de la coalición.
Si la que se viene es una época de nuevas alternancias o si estamos en las puertas de un nuevo ciclo progresista es algo que hoy no podemos develar, pero que constituye un asunto crucial para el desarrollo nacional y un desafío clave para el Frente Amplio. En primer lugar, porque varios de los temas fundamentales que deberá encarar este gobierno requieren de una mirada de largo plazo. Son los casos de la seguridad pública y el crimen organizado, la revisión de la matriz de protección social, la superación de la pobreza infantil, el desarrollo del aparato productivo con énfasis en el conocimiento y la innovación, o el despegue de resultados educativos efectivos, especialmente con la masificación del egreso de la enseñanza media y la expansión de la educación terciaria. En cada uno de estos temas hay una doble necesidad: resultados tangibles en el quinquenio de gobierno (que a su vez sean percibidos y valorados por la sociedad) y la instalación de líneas estratégicas de política pública con mirada larga. Al final del día, no hay lo uno sin lo otro.
El espíritu inaugural, y la actitud con la que el nuevo gobierno ha asumido, invitan a mirar hacia adelante y a ofrecer los mayores esfuerzos en la gestión desde el minuto 1. Tiene la potencialidad de ser, y el país así lo demanda, una gestión que nos impulse hacia adelante, a un nuevo salto cualitativo, como los que se produjeron en el período 2005-2015, pero ahora con los desafíos propios de este ya bien entrado y desafiante siglo XXI (con asuntos impostergables como la sostenibilidad ambiental o la economía de la información en tiempos de inteligencia artificial).
Sin embargo, el elefante en la sala es el legado que deja la administración Lacalle Pou. ¿Pesada herencia? Y sí, en muchos casos sí. En otros simplemente inercia, falta de ideas y proyectos, estancamiento. No es posible simplemente "soltar" y dedicarse a la construcción de lo nuevo. Es una tarea política clave para la izquierda, componer una evaluación profunda y acabada de lo que pasó en el país durante estos cinco años, así como identificar los costos e impactos del gobierno de Lacalle en la institucionalidad pública, la economía y la sociedad. Un Estado significativamente más endeudado, la proliferación de prácticas clientelares con el acomodo y el amiguismo a la cabeza, el reparto discrecional de negocios y beneficios, la opacidad en la asignación de los recursos o en el desarrollo de acuerdos estratégicos para la participación del sector privado en la economía pública, son asuntos graves e insoslayables. Otro tanto en el avance de la violencia y el crimen organizado en la sociedad y el evidente estancamiento del Estado en el ejercicio de sus funciones para prevenir la corrupción y los delitos económicos.
Este legado no se esfumó el primero de marzo. Hay que abordarlo. Desde el gobierno sí, pero también desde la fuerza política. No seamos ingenuos, la oposición no va a regalar un minuto. Aunque muchos están lamiéndose las heridas, la retórica de la demonización del Frente Amplio, sus bases políticas y sociales y su gobierno serán cotidianas. También lo será la fina estrategia comunicacional que rodea a su principal figura, Lacalle Pou, de quien ya conocemos nuevos entretelones de su vida romántica, sus viajes, su tabla de surf y motocicletas, y a la cual sin duda se le van a seguir agregando capas narrativas para mantener vivo el interés mediático en su persona, que por un tiempo aparecerá alejada del barro de la confrontación política que los dirigentes de segunda línea del Partido Nacional se aprestan a desplegar.
Un legado que también lo conforman las causas judiciales que permanecen abiertas, donde la referida al caso Marset y la operativa que devino en la renuncia de dos ministros y el principal asesor presidencial, es la que genera mayor atención. Pero no es la única. La sociedad uruguaya merece y espera investigaciones esclarecedoras sobre estos asuntos, y en caso de corroborarse actos ilegales, los castigos contundentes correspondientes.
Más allá de la órbita penal, hubo múltiples acciones (u omisiones) de mala administración sobre las cuales aún no tenemos cabal conocimiento y que, sin duda, el ingreso al gobierno nos permitirá conocer en profundidad. Es imprescindible entender el alcance de este deterioro institucional, porque seguramente las acciones de tipo reparatorio que se deban llevar adelante no serán menores, insumirán tiempo y esfuerzos y eventualmente afectaran los cronogramas de trabajo que se hayan previsto a priori. Por tanto, el gobierno de la coalición debe seguir siendo materia de análisis y de trabajo político para el Frente Amplio aún por un buen tiempo.
Junto con esto, hay una segunda tarea de enorme relevancia, la acción política en torno al nuevo gobierno, sus decisiones, sus proyectos y al renovado aire que produce la instalación de un equipo de gobierno francamente superior, en términos políticos y técnicos, al que tuvimos los últimos años. Escuchando las primeras salidas públicas de, entre otros, referentes como el nuevo canciller, el nuevo secretario de la presidencia o el recién asumido ministro de economía, se desprende una prolífica agenda de trabajo por el país y su gente, que es fundamental capitalizar políticamente. Y en ello la fuerza política, nuestro partido el Frente Amplio, está llamado a cumplir una función primordial. Como discutimos en la autocrítica llevada adelante durante el 2020-2021 y se desprende de las resoluciones del Congreso "50 años de unidad", estamos llamados a evitar una desmovilización en el contexto del nuevo gobierno. Somos una democracia fuerte, porque son fuertes nuestros partidos. Y los partidos no son solo maquinarias electorales, son, fundamentalmente, ámbitos de participación, debate y movilización. La esencia de un gobierno de izquierda es que se sostiene en el apoyo popular, el cual no debe ser solo una acción refleja a lo que el gobierno hace y dice, sino que debe construir sus propios sentidos y su propia agenda, complementaria y potenciadora del gobierno. Es impostergable el desarrollo de esos mecanismos de polea de transmisión, en los cuales toda la estructura del Frente Amplio, sus bases y sus sectores, estamos llamados a cumplir un papel fundamental. Nos va la vida en ello.