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Diego Olivera Couto

4 de julio de 2024 · Coyuntura política

Aires de cambio

Publicado originalmente en Semanario Voces.


Publicado en la edición impresa de Semanario Voces, 4 de julio de 2024

Yamandú Orsi, discurso en la noche de las elecciones internas. Foto: Diego Olivera
Yamandú Orsi, discurso en la noche de las elecciones internas. Foto: Diego Olivera

En octubre del 2019, aunque obtuvo un 39% de los votos y se mantuvo como la mayor fuerza política del país, el Frente Amplio tocó un piso electoral. La conjunción de debilidades en la acción del gobierno, sumadas a una campaña electoral errática, provocaron la perdida de la mayoría parlamentaria y fueron la antesala de una derrota electoral que, pese a una conmovedora movilización de la militancia, no pudo evitarse en el balotaje de noviembre.

Golpeado pero no vencido, a partir de allí el Frente comenzó un proceso que converge en las elecciones internas del pasado domingo. El camino incluyó un intenso proceso de autocrítica, la renovación de las autoridades partidarias, una nueva estrategia de movilización para activar la estructura militante, un amplio dialogo social en todo el territorio nacional y la formulación de nuevas bases programáticas. Sin esa secuencia de hitos no puede entenderse cabalmente lo que pasó el domingo, o dicho de otra forma, lo que pasó no es solo un producto del rechazo a la coalición gobernante.

Los resultados de la elección interna muestran que mientras los partidos de la coalición perdieron 239.016 votos, el FA aumentó su votación en 155.252 votos. Pasó de ser el 27% de los votos al Órgano Deliberativo Nacional de la interna en 2019, al 47% en 2024. Y si bien las internas son un indicador distorsionado del escenario electoral, en cualquier caso lo que exhiben es que hay un cambio favorable al FA.

Si a esto sumamos al análisis de las encuestas de opinión sobre intención de voto, el panorama es aún más claro. El escenario electoral actual es completamente opuesto al de 2019. Según un reciente informe publicado por la consultora Equipos, a partir del primer semestre del 2021 las preferencias por el Frente Amplio superan a las de todos los partidos de la coalición sumados, una situación favorable a la izquierda que se ha mantenido hasta la fecha con diferencias positivas a favor del FA de entre 5 y 6 %, con intención de voto del entorno de 45%. Es necesario remontarse al 2004 para encontrar un esquema similar.

La reacción del oficialismo no se hizo esperar. Ante el desplome electoral sufrido por todos los partidos integrantes de la coalición gobernante, pretenden instalar el relato de que lo relevante son los votos al bloque y no lo que cada uno recoge. Y concluyen que ello refleja una continuidad con los escenarios del último balotaje y del referéndum contra la LUC. Comparan peras con manzanas en un torpe intento de ocultar los aires de cambio que se han instalado en la política nacional. Pero la realidad es terca y cruda, el agotamiento de la coalición de derechas resulta evidente y más allá de artilugios comunicacionales y una figura presidencial bien trabajada, la seguidilla de casos de corrupción y la falta de resultados de gestión en las principales áreas del gobierno contribuyen a inclinar la balanza.

Ante esta coyuntura favorable al cambio, el Frente Amplio hizo lo que había que hacer: celebró los resultados, sin improvisaciones conformó la formula electoral que sus votantes esperaban y ofreció un discurso dirigido a toda la ciudadanía. Orsi llamó a "unir al Uruguay" y a buscar acuerdos nacionales para abordar problemas urgentes como el incremento de la violencia y la criminalidad, así como la escasez de oportunidades para la mayoría de los hogares que han visto decaer sus ingresos y al Estado alejarse del territorio. También llamó a ganar el gobierno para alcanzar "el triunfo de la honestidad en el manejo de los asuntos públicos", una tríada de temas que anuncian lo que seguramente serán sus principales énfasis rumbo a octubre.

Del otro lado, el escenario fue bien distinto. Delgado presentó a su compañera de fórmula entre abucheos e insultos de la militancia, desde un estrado donde los dirigentes que lo acompañaban mostraban un talante de preocupación. Ojeda, quien llevó adelante una campaña sin mayor contenido político, programático e ideológico, hecha en base a billetera y publicidad, celebraba una victoria alcanzada con 40.000 votos, 60.000 menos de los que obtuvo Ernesto Talvi en las internas del 2019. De Manini poco se supo y casi nada se habló. El impulso de la novedad emergente que lo rodeaba la pasada elección aparece ahora enormemente debilitado.

Ante este panorama los candidatos de la coalición se abrazan al anti frenteamplismo como discurso estructurante. Sin mayor claridad programática y con el repertorio de promesas desvencijado, convocan a militar para "que el Frente Amplio pierda", una consigna a años luz de la vieja impronta "por la positiva".

Aún queda largo trecho por recorrer y las tendencias que hoy aparecen claras pueden tener oscilaciones. Pero los aires de cambio son fuertes y traspasan los esfuerzos de negación de la realidad que se intentan desplegar. La iniciativa política vuelve a estar a la izquierda.